La vida es guay si no se pone borde

domingo, febrero 27, 2005

Entrega II

El teléfono no dejaba de sonar. Ese ruido le perforaba los tímpanos. Tras nueve timbrazos, un escalofrío recorrió todo su cuerpo.

- Debe ser por esta agua congelada, pensó.

Sin embargo, en el decimonoveno latigazo de ese maldito aparato, un pensamiento se instaló en su cerebro como esos incómodos familiares lo hacían en su casa cuándo venían de visita por Navidad.

A Johnny le inundó una extraña sensación, padre del miedo y madre de la intriga. Cómo era posible que esa puerta al mundo exterior siguiese abierta. Johnny se encargó personalmente de darse de baja. Finito. Kaput. Quién quisiera hablar con él se vería obligado a ir a su casa. La mirilla le parecía el invento del siglo. Un instrumento capaz de unir el vouyerismo con el poder. Te veo, te observo, te miro. Que te deje entrar en mi reino ya es otra historia, había pensado en más de una ocasión.

El ring, ring ya formaba parte del salón. Ese monstruo debía callar. Con la vaga esperanza de encontrarse con el empleado de turno de la compañía telefónica y poder mandarlo a la mierda, descolgó el auricular.

Antes de emitir su primer insulto, una voz muy femenina, tan dulce como contundente, le dijo:

- Johnny, no puedes escapar. El próximo lunes a las 21:32 preséntate en el 3º 2ª del número 28 de la calle Inmaculada.

Ahora su sentimiento era ya familia del horror y del pánico.

"Ah! Johnny" prosiguió con cierta sorna la bonita voz. "No es una sugerencia, es una orden"

tutututututu ........ tututututututu........tututututu

Firmado Don termómetro